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La Coctelera

Categoría: Literatura Japonesa en español

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Botchan de Natsume Soseki

 Esta novela nos hace pensar en otro autor totalmente distinto del de Kokoro. Su ritmo es trepidante, por comparación; su tono, mucho más amable.

Botchan es un maestro de escuela recién licenciado en sus estudios que, viviendo en una isla lejana de su adorado Tokio, padece las consecuencias de una mentalidad recta y demasiado rígida en un ambiente de feroz competencia vital. Botcham no encaja ni con alumnos ni con compañeros de trabajo, ni con familiares. En su vida solo hubo un remanso de paz, la nani que lo cuidó de pequeño. Pero en su desquiziamiento Botchan ni siquiera es capaz de reconocer esa relación como la única relación feliz que ha tenido en su vida.

Así, el personaje creado por Soseki, emparenta con los Sancho Panzas de la literatura universal, y se convierte, cómo no, en un antihéroe adorable. No por casualidad el Botchan ha sido una de las lecturas preferidas de un montón de generaciones de jóvenes japoneses, que ven en el toda la nobleza de un alma recta enfrentada con un mundo cruel.

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Kokoro de Natsume Soseki

Es una novela de conciencias. Con un ritmo lento, de pausa oriental recién llegada a Occidente, Soseki narra las andanzas de un personaje, narrador en la primera parte de la novela, y de su lucha por conseguir la amistad y aprobación de un segundo personaje, el sensei, de la vieja tradición japonesa; un personaje que se nos presenta como tocado por un extraño enigma; inaccesible  al alma cándida y pura del narrador.

Pronto tenemos la sospecha de que éste sensei, y no el yo del narrador, será quien mantenga el peso fuerte de la novela. Efectivamente, la parte final de la novela nos desvela el misterio del sensei; una truculenta historia de un hombre que tiene que pasear su vida con un peso indescriptible en su corazón (kokoro), y al que, de alguna manera, el contacto con el narrador conduce hacia un final trágico.

Como fondo, una historia de un amor a tres bandas entre sensei, K, el mejor amigo de sensei, y un personaje femenino que destaca por su irrelevancia en toda la historia. La lucha de los dos varones por alcanzar los favores de la hija de la dueña de la pensión en la que ambos se alojan como estudiantes, es una lucha contra si mismos, contra sus debilidades, contra la indecisión a la que les conduce la imagen que tienen de si mismos. Sensei gana la batalla, pero el precio que ha de pagar será el de llevar el peso del suicidio de su amigo el resto de su vida. K, pierde la pieza clave que dará sentido a su vida pasada no encontrando más razones para seguir viviendo. Sensei encontrará en la voz del narrador la clave que cierra su círculo coincidiendo con el fin histórico de la era Meiji, coincidiendo con el fin de una época de apertura del Japón a la corriente de vida occidental. Su último gesto, antes de quitarse la vida, no es otro que contar la historia de su desgracia al narrador. La curiosidad de este, siendo una curiosidad sincera, conduce a Sensei a un callejón sin salida emocional.

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Lo bello y lo triste de Kawabata

 En esta novela de Kawabata lo bello proviene de dos mujeres: la pintora Otoko y su discípula y amante Keiko; lo triste se relaciona también con una belleza lánguida, muy acorde con el tópico del romanticismo japonés que poseemos en occidente.

Cada una de estas dos mujeres pasea su belleza al lado de su tristeza, una tristeza proveniente de dos tragedias: la de Otoko, haberse enamorado cuando era joven de un escritor mucho mayor que ella, el señor Oki, casado y con familia, haber quedado embarazada y haber perdido a su hija en el parto y ser abandonada finalmente por su amante; la de Keiko, haberse enamorado de Otoko hasta obsesionarse con la idea de vengar a su amada primero en la persona del escritor y finalmente en la del hijo de este, el joven Taichiro. Sobre ese triángulo amoroso formado por Otoko, el señor Oki y Keiko, se extiende una reflexión estética acerca del tiempo que el autor compara con un río.

Pero más allá de la imagen fluida del río de Heráclito, Kawabata introduce una imagen con matices. El río simula el tiempo que se convierte en un flujo incesante para todos los hombres, y en este sentido, es común a todos ellos, pero el río de Kawabata no es regular; en un río la corriente fluye de manera diferente para todos; corre rápida en el centro y se estanca en la orilla y en muchos recodos a lo largo de su curso. Así sucede con los personajes del triángulo. Otoko quedó estancada emocionalmente en un recodo del río después del abandono del señor Oki, a quien el tiempo ha conducido hacia una especie de desembocadura en un viaje solo perturbado por unos pocos recuerdos. Keiko, sin embargo se enfrenta, trágicamente, a ese fluir, e intenta, una y otra vez, remontar el curso del tiempo. Esa es su venganza, una venganza de la que la propia Otoko huye aterrorizada. Otoko ha comprendido finalmente que su estancamiento no puede ser eterno, y que el sentido que ha de emprender, por cruel que fuera, es el de la corriente del tiempo que nos arrastra hasta la desembocadura.

 La novela llena de un erotismo sutil, casi imperceptible en muchos momentos. El ritmo es bueno a pesar de una traducción que suena horrible, y una edición insoportable. Cabe imaginar que en una traducción más acertada la novela gane muchos enteros.

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El elogio de la sombra de Tanizaki

Publicado en 1933 no me cabe ninguna duda del influjo nacionalista que recorre todo el ensayo. El autor tampoco disimula ni intenta ocultar el propósito del escrito. El Elogio de la sombra es eso, un análisis de las veleidades de la luz como un rasgo característico de occidente que no encajan con la cultura oriental y sus conceptos estéticos. El autor recorre varios elementos en los que encontrar las diferencias pertinentes que apoyen su razonamiento: la construcción y configuración de las casas japonesas de antes y después de la llegada de la luz eléctrica, la gastronomía, la pintura, el teatro así como los usos y costumbre estéticos de la mujer.

La tesis central parece ser el gusto que por la sombra (vale por ausencia de luz), a diferencia del hombre occidental, ha demostrado históricamente el hombre oriental. La razón de esa diferencia se explicaría en la siguiente cita.

 ¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular.

En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una condición mejor a la actual. Buscan siempre más claridad (...)

 

A todo esto no deja de recordarme el escrito aquellas concepciones europeas anteriores a la Ilustración en las que, de alguna manera se invierte el concepto de progreso actual. Para el hombre antiguo ningún tiempo futuro llegará a estar a la altura de nuestros antepasados. Ya en Hesíodo se recoge el mito de las diferentes edades del hombre que van desde la de oro hasta la edad actual en un irreversible proceso de corrupción. Esta idea solo se rompe a partir de la ilustración en el mundo occidental, proceso que no se si tuvo su equivalente en el mundo oriental.

 En cualquier caso el libro posee muchas virtudes. Escrito en un lenguaje cuidado pero nada artificioso, se compromete como una buena guía para contemplar el arte japonés desde una nueva luz, a saber, la de las sombras.

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Sanshiro de Natsume Soseki

La maravillosa editorial IMPEDIMENTA acaba de editar por primera vez en España la novela Sanshiro de Natsume Soseki.

Adorada por Murakami y considerada la novela puente entre sus dos obras maestras (Kokoro y Botchan), Sanshiro es una deliciosa sátira que derrocha ternura y humor a la japonesa...

Natsume Soseki, seudónimo literario de Natsume Kinnosuke, nació en 1867 cerca de Edo. Descendiente de una familia de samuráis venida a menos, cuando tenía dos años, sus padres lo entregaron en adopción a uno de sus sirvientes y a su mujer, con quienes viviría hasta los nueve años. En 1884, instado por su familia, se matriculó en la Universidad Imperial de Tokio para cursar Arquitectura, aunque acaba estudiando Lengua Inglesa. En 1886 traba amistad con el poeta Masaoka Shiki, que le inicia en el arte de la composición de haikus.  En 1900 se le concede a Soseki una exigua beca del gobierno japonés y se le envía a Inglaterra. En este país pasará los años más tristes de su vida, leyendo libros sin parar, deambulando por las calles y pasando miserias sin cuento. Regresa a Japón en 1902 para enseñar en la Universidad Imperial de Tokio, donde sucederá al escritor norteamericano Lafcadio Hearn como profesor de Literatura Inglesa. La carrera literaria de Soseki se abre propiamente en 1903, cuando comienza a publicar haikus y pequeñas piezas literarias en revistas como Hototogisu. Pero la fama le llegará con la publicación en 1905 de Yo, el gato. En 1906 aparecerá Botchan, que le catapulta al éxito y que se convierte automáticamente en un best-seller y en una de las novelas más leídas por los japoneses durante décadas. En 1908 daría a la imprenta la novela Sanshiro, que prefiguraría su obra maestra, Kokoro. Natsume Soseki murió en Tokio.